UNA BOLSA REPLETA DE FANTASÍAS DE COLORES

4/6/2014

          Érase una vez un monigote que vivía en una bolsa de papel. Cuando una niña le miraba, él contestaba con una sonrisa, entonces entraba en su imaginación y juntos jugaban a las muñecas o a los indios. Si un niño se le acercaba, el monigote le guiñaba un ojo antes de curiosear en su fantasía para explorar la selva o jugar a las tiendas. Era el monigote más feliz del mundo.

          Una tarde, alguien se le acercó por la espalda y le dio una patada y un empujón. Asustado, el monigote se levantó y vio a un niño que pisoteaba un peluche y rompía una marioneta. Armándose de valor, el monigote entró en la fantasía del niño y, en medio de la oscuridad, escuchó el estruendo de una bomba y el disparo de una pistola. Esa noche fue el monigote más triste del mundo.

          A la mañana siguiente, el monigote comenzó a rescatar los pensamientos más bonitos de todos los niños y todas las niñas que compartían con él un juego de colores. En poco tiempo llenó una bolsa con sueños azules, viajes rojizos, ilusiones anaranjadas y aventuras amarillas.

          Con la bolsa repleta, el monigote esperó y esperó hasta que una tarde vio de nuevo al niño que le había golpeado, rápidamente entro en su fantasía y vació la bolsa sobre la oscuridad. Al instante, el estruendo se convirtió en una melodía y el disparo en una canción.

          Desde aquel día, el monigote siempre tiene pensamientos bonitos guardados en una bolsa de papel y cuando algún niño se le acerca con fantasías oscuras, él vacía colores en su imaginación. Es el monigote más feliz del mundo, ¿quieres ser su amigo?