UN GRAN JUEGO PARA EL GRAN DUQUE

4/6/2014

Hace mucho tiempo, el Gran Duque de Luverti emprendió un gran viaje por tierras conocidas y desconocidas, buscando un gran juego que nunca aburriera sus veladas y siempre entretuviera las mañanas de palacio.

         En el Norte jugó varias noches seguidas al juego de las piezas azules y el Sur disfruto todas las tardes con uno de fichas verdes. En el mejor juego del Este las piezas eran todas rojas y en el Oeste, amarillas.

         A la vuelta de su gran viaje, el Gran Duque hizo una gran fiesta con comida, bebida y los juegos del Norte, el Sur, el Este y el Oeste. Los que primero se aburrieran quedarían eliminados y los que siempre rieran ganarían. Pasaron los minutos, las horas y los días y todos continuaban riendo. El Gran Duque, asombrado y sin saber que decisión tomar, llamo a su consejero y estudió los juegos por arriba, por abajo, por el lado de allá y por el de acá. Encerrado en su gabinete, reflexionó y concluyó que “lo que entretiene en el Norte, distrae en el Sur y con lo que disfrutan en el Este, se divierten en el Oeste; sólo el color de las piezas varía y únicamente la ignorancia los diferencia”.

         Desde entonces, el Gran Duque de Luverti entretuvo a sus invitados con un único juego y muchas piezas de distintos colores según la procedencia de los participantes. Cuando se despedían, sin darse cuenta que todos habían reído con la misma diversión, afirmaban: -“¡Nuestro juego es el mejor¡”-, después el Gran Duque sonreía y continuaba jugando con una pieza de cada color.